Algunas personas se sorpresan que no tenga mucho
entusiasmado para aprender manejar el carro. Pues, cuando era joven me gustan
mucho los carros. Cada vez fuimos al arcada jugaría el simulador de manejar
coches. Un día, cuando volvimos del mercado, pregunté a mi padre si pudiera
quedarse en el coche. Me senté en el asiento del conductor y imaginé que estaba
manejaban el carro. De repente, el coche empezó moverse. No me toqué nada pero
el carro no paró. Finalmente mi padre entró en la garaje y miró el carro
moviendo hacia el camino con una pequeño joven aterrorizado en el asiento del
conductor. Rápidamente me tiró fuera del carro. Desde este momento, ha estado
perfectamente contento sentar en el trasero.